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Mujeres que reinventan su futuro


María Fernanda y Maqueidi son parte de las casi 700 personas que, durante 2025, participaron en los talleres de empleabilidad realizados conjuntamente por Fundación Emplea y ACNUR, con el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Ambas madres y sin redes de apoyo en un país nuevo, han debido reinventarse para generar ingresos mientras continúan con sus labores de cuidado.

Santiago.- Más del 80% de las personas que participan en el programa Proyección Laboral, impulsado conjuntamente por ACNUR y la Fundación EMPLEA, son mujeres. Algunas de ellas —refugiadas y desplazadas— no pueden acceder a un empleo formal porque deben cuidar a sus hijos o asumir tareas domésticas que les impiden trabajar fuera de casa. Sin embargo, lejos de rendirse, han encontrado en este programa una oportunidad concreta para generar ingresos mientras continúan con sus labores de cuidado. Para varias de ellas, como María Fernanda y Maqueidi, ambas venezolanas, este camino no solo representa estabilidad económica: también les da tranquilidad para el alma, un pequeño refugio en medio de las dificultades cotidianas.

El proyecto, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), acompañó durante 2025 a 686 personas refugiadas y desplazadas que están reconstruyendo su vida en Chile, mediante talleres dirigidos a fortalecer sus emprendimientos ya existentes o bien, para entregar herramientas a quienes han optado por el empleo dependiente. El objetivo va mucho más allá de abrir puertas al mercado laboral: se trata de reforzar competencias personales, recuperar la autoconfianza y brindar recursos para que puedan salir adelante en un país nuevo.

María Fernanda lleva ocho años en Chile. Es abogada de profesión, pero hoy su vida está organizada en torno a la salud y las necesidades de su hija, de nueve años, paciente de Teletón. “No puedo tener un trabajo estable; la logística y los temas médicos me lo impiden. Así que empecé a hacer accesorios para el cabello para distraerme, para ocupar la mente… y de a poco se convirtió en un ingreso”, cuenta. En su mesa cose, escucha música y encuentra un respiro. Lo que nació como una manera de aliviar la tensión de sus días terminó convirtiéndose en un pequeño negocio que le permite aportar a su hogar y seguir acompañando a su hija en sus procesos médicos. “Para mí, coser es autocuidado —dice—. Me relaja, me centra, me hace bien”.

“Soy una mamá cuidadora. Enfrento mis batallas diarias de muchas maneras y, si yo he podido salir adelante, sé que muchas más también pueden. Para el futuro, sueño con tener una máquina industrial y expandirme a la reparación de ropa, pero por ahora estoy feliz: en el emprendimiento me ha ido súper bien. Incluso me han comprado para regalar en primeras comuniones y en fiestas de 15 años. Es lindo ver cómo algo hecho con mis manos llega tan lejos”, agrega.

Maqueidi, en tanto, llegó hace cuatro años y hoy fabrica camas y casas nido para mascotas. Su emprendimiento surgió del amor profundo que siente por los animales y del deseo de ofrecerles un lugar cálido donde descansar. Con su hijo en el colegio, trabaja desde casa para estar presente cada vez que lo necesita. “Este es mi único medio de subsistencia, lo que me ayuda a salir adelante. Me ha ido súper bien, pero antes de hacer el curso no sabía manejar las finanzas. Entendí que estaba cobrando muy poco y que mi producto tenía un valor que yo misma no estaba reconociendo”. Ajustó precios, ordenó sus cuentas y su negocio comenzó realmente a crecer.  “Te enseñan todo —resume María Fernanda—. Una se organiza, entiende su negocio, se ordena en cosas que antes parecían un caos”.

“Somos expertos en poder entregarle herramientas a las personas para que consigan un buen trabajo o apoyarlos en sus emprendimientos. En el caso de las personas refugiadas y migrantes, sabemos que esto es muy importante y además, para que puedan convertirse en un aporte valioso y enorme para nuestro país”, afirma Jorge Gaju, Director Ejecutivo de Fundación Emplea, la organización que implementa el proyecto con el apoyo de ACNUR.

“Aunque muchas están saliendo adelante con lo que tienen y con una fuerza que a veces no saben ni de dónde sacan, integrarse laboralmente sigue siendo un desafío enorme cuando se vive en un país nuevo, con redes de apoyo limitadas y más aún si se tiene un rol de cuidado de personas que dependen de ellas. Aun así, hoy conocimos las historias de mujeres poderosas, que se reinventan, crean alternativas y sostienen a sus familias con una dignidad que inspira. Estamos felices de estar aportando un pequeño granito de arena para que esto se haga realidad”, comentó Rebeca Cenalmor-Rejas, Jefa de ACNUR en Chile.

Tanto María Fernanda como Maqueidi coinciden en algo fundamental: emprender les devolvió una sensación de propósito. Les permitió generar ingresos, sí, pero también recuperar su creatividad, su seguridad y su bienestar emocional.

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